La imagen devocional en la orden de Nuestra Señora de la Mercedtradición, formación, continuidad y variantes.

  1. Zuriaga Senent, Vicent Francesc
Dirigida por:
  1. Rafael García Mahiques Director/a
  2. Víctor Mínguez Cornelles Director/a

Universidad de defensa: Universitat de València

Fecha de defensa: 03 de agosto de 2005

Tribunal:
  1. Jesús María González de Zárate Presidente/a
  2. María Angeles Martí Bonafé Secretario/a
  3. Reyes Escalera Pérez Vocal
  4. Alfredo José Morales Martínez Vocal
  5. José Julio García Arranz Vocal

Tipo: Tesis

Teseo: 126364 DIALNET lock_openTDX editor

Resumen

Con la Reforma protestante comienza una nueva reconquista de la Fe. La nueva esclavitud que los mercedarios pretenden rescatar, supone embarcarse en la cruzada contra el protestantismo. El papado encontrará en la Orden de la Merced un buen brazo ejecutor de las directrices tridentinas, y ésta adecuará sus monasterios como centros didácticos en cuyas paredes, se plasma la dogmática tridentina. A partir de este momento y durante el periodo barroco, no escatiman sus bienes en el remozado de monasterios y fundación de nuevos. Contratan para este fin a los mejores artistas: Pacheco, Alonso Vázquez, Zurbarán, Espinosa, Carducho, Reyna, Pontons, Palomino, Vergara Si bien hasta el siglo XVI los mayores esfuerzos de la Orden habían sido en pro de la redención de cautivos, la contrarreforma tridentina creará en los mercedarios la necesidad de sacar de las leyendas y de la historia el brillo necesario para promover el culto a sus hijos preclaros. Las órdenes religiosas de fundación medieval necesitan, con los nuevos tiempos, revalidar tanto su carisma como su condición de idoneidad promoviendo sus procesos de beatitud y elevando a los altares a sus mártires. Así, junto a los escritos en torno a la fundación de la Orden, surgirán hagiografías, estampas y pinturas ajustadas con los modelos de piedad exigidos por el concilio de Trento. La época tridentina es un momento en el que los jerónimos son la orden más próxima a la monarquía, los dominicos y franciscanos prestigian sus actuaciones con la evangelización y los encargos políticos. Así mismo, junto a estas, emerge de entre las congregaciones la Compañía de Jesús. Cabe situar en este momento la voluntad, por parte de los mercedarios, de la formación de la imagen devocional de la Orden. La formación de las imágenes es obra de artistas que, tutelados sin duda por intelectuales mercedarios, mostrarán en sus obras programas iconográficos con un claro sentido de exaltación de los valores de la Orden. Estos artistas mostrarán la relación de ésta con la monarquía: la participación del rey Jaime I en la fundación de la Orden será un tema muy frecuente, su experiencia en tierra de infieles, su paralelismo con las órdenes mendicantes, incidencia en la argumentación de protección de la Virgen, piedad mariana y por supuesto la heroicidad de sus mártires. En Gaspar de Torres encontramos las claves de la adecuación de la Orden a las directrices tridentinas. Gaspar de Torres será el primer instrumentista de la reforma, y entre otras cosas, el artífice de la expansión de la Merced en América. La figura de Torres es clave para entender el papel de la Orden de la Merced durante el concilio de Trento porque, si bien éste no participó directamente, tuvo en el padre Santa María la presencia mercedaria desde la institución salmantina en el concilio de Trento. El padre Francisco Zumel, discípulo de Torres, redactará en 1588 el texto definitivo de la reforma de las Constituciones de la Orden, que contiene, básicamente, todas las ideas apuntadas por Torres veintitrés años antes. La importancia del libro de Gaspar de Torres nos permite entender la manera como afectó la contrarreforma tridentina, y la política de Felipe II, en la Orden de la Merced. Se ve en el libro la obra de un reformador, un hombre de su tiempo que intentó desde Salamanca, cuna de la renovación tridentina peninsular, adecuar las nuevas directrices de la Iglesia a la vetusta religión de la Merced mediante la vuelta, como en todas las ordenes reformadas, (el carmelo, agustinos, dominicos franciscanos, trinitarios, jerónimos, mínimos) al espíritu de los inicios. Compitiendo en autenticidad con las nuevas instituciones postridentinas (oratorianos, capuchinos, recoletos...y fundamentalmente los jesuitas), al mismo tiempo que justifica la autenticidad del carisma y la validez de éste a pesar del paso del tiempo. En los textos de Torres, encontrarán los artistas las fuentes de inspiración necesarias para plasmar en imágenes devocionales que justificaran el culto inmemorial con que fueron elevados al honor de los altares. A partir de 1588 se suceden una serie de escritos que irán definiendo los tipos iconográficos: unos desde la propia Orden, con los textos de Zumel Vitis Patrum y de fray Felipe de Guimerán La Breve Historia de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, que influirán en libros ascéticos como la Agricultura del Alma del obispo Melchor Rodríguez; otros en forma de comedias, como la obra de 1591 de Francisco Agustín de Tárrega La Fundación de la Orden de la Merced por el don Jaime. En estos escritos, de finales del siglo XVI, encontraran inspiración los primeros relieves narrativos de Pedro de la Cuadra para la Merced de Valladolid, con escenas de la Fundación de la Orden de la Merced y Nolasco al rescate de cautivos; o las primeras series pictóricas, como las que se concretan en el claustro de la Merced de Sevilla, en los primeros años del siglo XVII. Estas pinturas del convento de la Merced de Sevilla fueron encomendadas por fray Juan Bernal a Francisco Pacheco y Alonso Vázquez. Teniendo presente que la muerte de Fray Juan Bernal está fechada en 1601, los encargos debieron ser anteriores a esa fecha. De esta serie cabe destacar el cuadro de Pacheco, que se encuentra en el Museu Nacional dArt de Cataluña, San Pedro Nolasco Desembarca con los prisioneros redimidos, obra pintada para el claustro grande en 1601. Se trata de un cuadro complejo, con distintas escenas, y tiene su antecedente historiado en el cuadro atribuido a Alonso Vázquez, San Pedro Nolasco liberando a cautivos. De hecho, en el retrato del santo se sirve del mismo modelo. A partir de los primeros años del siglo XVII, encontramos referentes artísticos y alegorías en grabados, como los que encarga Fray Isidro de Valcázar en 1610 a Pedro Perret, el más conocido de los cuales será la Navis institoris. Otro factor clave para entender la apuesta iconográfica de la Orden radica en el impulso que, en el primer cuarto del siglo XVII, se dio a los procesos de canonización. La canonización en 1601 del dominico Raimundo de Peñafort, por ser fundador de la Orden de la Merced, tuvo que ver en el repentino e intenso esfuerzo de los mercedarios por validar los méritos de los suyos, ya que este acontecimiento aceleró los trabajos iniciados por Guimerán y Zumel, que tendrán su continuidad con los memoriales de los procesos de canonización y las Crónicas de Vargas o Alonso Remón. En la doctrina de Trento encontramos de nuevo el rastro del itinerario programático mercedario, tanto de los procesos de canonización como del método empleado por los mercedarios para la consecución del fin: el decreto de Imaginibus y la fórmula del culto inmemorial utilizada por los postuladores mercedarios para la consecución de las canonizaciones. La canonización de san Pedro Nolasco impulsó la edición de las Crónicas Históricas de Alonso Remón (1618-1622) y Bernardo Vargas (1619-1622), así como el texto de postulación o Memorial, al tiempo que concretó los pasajes de la vida de san Pedro Nolasco en una serie de grabados y estampas devocionales. Las estampas presentadas en el proceso de canonización, obra del aragonés José Martínez, sirvieron de inspiración, junto a los textos escritos, a los trabajos encargados en 1628 a Zurbarán. (Grabados, conocidos también por la copia de Cobradorque tomó los grabados de Martínez y tradujo los textos al castellano.) Zurbarán recibe en 1628 el encargo de decorar el claustro de los Bojes de la Merced de Sevilla. El encargo de Fray Juan de Herrera al pintor de Fuente de Cantos consistió en la realización de 22 cuadros en imágenes sobre la vida de san Pedro Nolascoen el año de su canonización. Para este encargo Zurbarán traslada su taller al propio convento de la Merced en Sevilla. A su vez, en Valencia, el padre Sanchis, en la segunda mitad del siglo XVII, contratará a un pintor que ha estado en Sevilla junto a Zurbarán, Jerónimo Jacinto de Espinosa,que al igual que Zurbarán poblará los conventos del Puig y Valencia con la serie pictórica más extensa de su producción. Entre otros cuadros, pintará series de las vidas de Nolasco, de san Pedro Pascual, obispo mercedario de Jaén, (que según la tradición murió a manos de los musulmanes) y san Ramón, canonizados en esas fechas. Entre las fuentes literarias posteriores a la canonización de Nolasco destacan las obras de Francisco Boíl N. S. del Puche, Cámara angelical de María Santísima patrona de la insigne ciudad del Reino de Valencia. Valencia 1631, Tirso de Molina Historia General de la Orden de la Merced 1639, y Lope de Vega y su comedia La vida de san Pedro Nolasco, por lo que no es descabellado pensar en la influencia de estas obras en la temática pictórica de la segunda mitad del siglo XVII. Otros pintores que trabajan para la Merced en este periodo serán: Reyna,Pontons,Carducho, Meneses Osorio, etc. La segunda parte de la investigación está fundamentada en un extenso trabajo de campo en el que se analiza, a partir de las fuentes estudiadas en los capítulos anteriores, la evolución de las imágenes y la consolidación de los tipos iconográficos que concretan los temas de la iconografía en la Orden de la Merced. El trabajo de campo, en busca de las imágenes que confirmaran las hipótesis planteadas, se inició con una sencilla fórmula de inventario de imágenes; pero el hecho de participar en el grupo de investigación APES, que desarrolla su trabajo mediante el método clasificatorio de imágenes ICONCLASS, motivó un cambio en el sistema de fichas utilizado, con la posibilidad de incorporar el corpus de imágenes a un proyecto de futuro. El grupo de investigación APES. Imagen y Cultura, dirigido por Rafael García Mahíques, está creando una gran base de datos de iconografía hispánica (española e iberoamericana) mediante el sistema clasificatorio ICONCLASS, como una formula completa de catálogo de imágenes. El sistema internacional de clasificación de imágenes ICONCLASS, creado por el iconógrafo holandés Van de Waal, clasifica sistemáticamente los tipos iconográficos de una forma jerarquizada, al tiempo que permite incorporar constantemente temas nuevos por estar preparado para indexar nuevos tipos icnográficos; por su carácter de campos abiertos, permite variedad de campos de contenido, convirtiéndose en un instrumento por las posibilidades que brinda la combinatoria de datos. Además de los datos de adscripción de las imágenes a campos de localización, formales y estilísticos, este formulario de fichas concreta en cada imagen campos de significación y cultura, concreción de las fuentes literarias y la bibliografía que cita a las imágenes, etc. La disciplina a la que hemos sometido el trabajo de catálogo de fichas justifica su peculiar numeración; la que corresponde a mi ámbito de trabajo en la base de datos APES, comienza con el número 005000 y tiene una continuidad intermitente debido al carácter abierto en construcción de la base de datos y que tal y como apunto tiene solución de continuidad. Esta segunda parte del trabajo, constituida por el catálogo de imágenes, se completa con los capítulos cinco y seis dedicados a su análisis. El esquema de trabajo en estos capítulos parte de las primeras imágenes de cada representación, el fundamento de las representaciones, las fuentes literarias que justifican la aparición de los tipos, la influencia de los grabados y las variantes en los tipos iconográficos. En estos capítulos se han acotado las representaciones mercedarias a las imágenes devocionales canónicas del santoral cristiano: la Virgen de la Merced, la Virgen del Puig, san Pedro Nolasco, san Ramón Nonato, san Pedro Armengol, san Serapio; san Pedro Pascual, santa María Cervelló y la beata Mariana de Jesús. Quedarían otros temas en el arte de la Merced que sin duda pueden ser tratados por otros trabajos de investigación: como la arquitectura en la Merced, las galerías de retratos, las devociones particulares, los mártires no canonizados, venerables y mercedarios ilustres en el arte... Es evidente la extensión que supone la aportación artística de la Orden de la Merced, para pretender abordarla en una única tesis doctoral. La tercera parte de este estudio abre las puertas a futuros trabajos de investigación, y su presencia la considero necesaria. El séptimo capítulo y el epílogo muestran aspectos claves en la evolución de la iconografía mercedaria. El capítulo siete trata de la figura del mercedario fray Juan Interián de Ayala y su aportación a la iconografía cristiana con el tratado más importante publicado sobre éste tema en España: El Pictor Christianus. Este libro merece por sí sólo un trabajo de edición crítica, labor no realizada hasta el presente. Interián de Ayala, en el primer cuarto del siglo XVIII, plantea una revisión del arte cristiano de acuerdo con la doctrina de Trento; entre los aspectos que trata, como era de esperar, están las representaciones devocionales mercedarias. El trabajo de Interián tendrá su importancia en las representaciones mercedarias del siglo XVIII, canto del cisne de la iconografía en la Orden de la Merced, influidas por el concilio de Trento. El epílogo versa sobre un aspecto muy particular que presenta la iconografía mercedaria en América: la evolución de la imagen devocional de la Merced de Conquistadora a Liberadora.Como miembro de CIAL, no he querido dejar pasar la ocasión del presente trabajo para tratar un aspecto, de la iconografía mariana americana, que sólo se da en el arte de la Merced. Las primeras escenas de las conquistas en tierras americanas aparecen blanqueadas por hábitos mercedarios que acompañan a los conquistadores. Vemos cómo los grabados influyen en las representaciones didácticas y catequéticas que poblarán los conventos americanos en los siglos XVII y XVIII. Por último, vemos como en América la advocación de Merced de esclavos y cautivos se convierte en símbolo de la independencia. Los insurgentes erigen, por ser liberadora, la Virgen de la Merced como patrona de los ejércitos (Argentina, Perú, Chile) o incluso como patrona de la nación como es el caso de Ecuador. El sentido simbólico de la advocación liberadora se concreta en un instrumento político y referente iconográfico en las nuevas naciones. ____________________________________________________________________________________________________